Las palabras pesan más que los kilos

March 18, 2016

 

 

El día de hoy haciendo reflexión y leyendo los muchos comentarios de las seguidoras de este blog, me doy cuenta que las palabras dejan una huella importantísima en nuestras vidas, sean palabras llenas de amor, cariño, indiferencia, odio o crítica.

 

Desde que era muy pequeña recuerdo con exactitud las palabras burlonas de mis compañeros de clase haciendo referencia a mi peso, el valor que se daban por que iban en bola. La gracia que les causaba que yo no me podía defender, no sabía, no estaba acostumbrada a los insultos. Mi mamá me decía: – Bueno ya, no les hagas caso. Como si fuera tan fácil, pensaba. ¡Los tengo ahí todo el día!

Conforme pasó el tiempo, las cosas fueron cambiando de tono. Mi padre, preocupado por mi talla desde muy chica (9 años) me mandó al nutriólogo y era cansado escucharlo decir: – Tienes que preocuparte por tu peso, no estás fea, pero si estuvieras más delgada…

 

También recuerdo que me condicionaba si yo quería algo, una muñeca por ejemplo, era mi premio si lograba cierta meta con la dieta. Entonces el escuchar las palabras “peso”, “gorda” y “delgada” ¡Uff! Me causaban un estrés impresionante.

 

Y no es queja créanme, yo se que mis papás hacían lo mejor que podían. Pero no sé, creo que en algún punto me hubiera gustado escuchar “Eres hermosa, así como eres”, “Eres única y vamos a hacer esto juntos, por que es bueno para todos” (hablando de la dieta), algo que no aislara mi caso del resto de mis hermanas, de mis compañeros de escuela, algo que no me hiciera sentir como una deforme.

Porque a esa edad no entiendes nada, la neta, no sabes ni de la química de los alimentos, las calorías, de cómo tonificar tu cuerpo, la diabetes, la celulitis y todo lo demás. Tu solo ves McDonalds y dices ¡Quiero, con todo y el juguete!

 

Apenas hace un par de años fui a un antro de aquí de la Ciudad de México, de esos super cool con cadenero y toda la onda weee, a festejar el cumpleaños de una de mis hermanas, por trabajo yo llegué un par de horas después que el resto de sus invitadas, todas delgadas, todas en minifalda y al llegar a la mentada cadena ¡Pum! bateada. Que no podía pasar, porque no. Mi hermana salió por mi y le dijeron lo mismo: no, por que no. Entre que le rogaba y no, el cadenero le soltó: -Ella sabe por qué no la vamos a dejar pasar. Sonreí y le dije: – Claro, por mi talla. Con todo y su letrero de “Aquí no se discrimina por ningún blah, blah, blah…”

 

Esa noche recordé las palabras de mis compañeros y de mi padre… ¡Oh Dios, qué razón tenían!

Si yo fuera delgada, me la hubiera pasado increíble, hubiera ligado, bailado, disfrutado y gozado la noche de poca madre. Por que las gordas no, las gordas no pueden.

Hoy, escribo este texto no para las chicas en mi situación, porque se que a todas les ha pasado algo similar. En esta ocasión le escribo a los padres, madres, hermanos, compañeros de clase, de trabajo, primos, amigos, maestros y todo el entorno de una gorda, hoy les digo: Queridos, sus palabras… pesan mucho más que mis kilos.

 

Espero que lo reflexionen y no sé, la próxima vez digan algo diferente, lo demás ya nos lo sabemos de memoria.

 

 

La Fatshionista

 

 

 

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