Gracias siempre. Priscila.

April 13, 2018

 

Desde hace unas semanas empecé a tener la misma pesadilla una y otra vez: veía a mi ex novio, le arrebataba el celular y comprobaba en sus mensajes de WhatsApp que tenía novia. En mi sueño pensaba: ¡Claro, pero es que yo ya lo sabía! Es una completa paradoja, pues cómo iba yo a saber si no había hablado con el por meses, más que trivialidades: “Feliz año nuevo”, “¿Cómo va el trabajo?”, “Rompí mis audífonos ¿Qué marca me recomiendas para comprar unos nuevos?”; trivialidades que siempre, de alguna forma terminaban en un: “Te amo, eres importantísima en mi vida" con emojis de corazones y besos. 

 

Así que cómo era posible que yo supiera, con la certeza de un inspector del FBI que tiene la última prueba faltante para incriminar al asesino; que el tenía una supuesta nueva relación y en mis sueños lo comprobaba no por que el me lo dijera, si no por que yo lo descubría. 

 

Hace un par de viernes comí con Gloria en el centro comercial al que solíamos salir mi ex y yo cuando éramos novios, pues nos quedaba muy cerca de su casa. Ella se despidió antes, tomó un uber y se fue. Yo tuve que caminar de regreso hasta el estacionamiento. Atravesar esos corredores, llenos de gente, parejas, familias, personas que te ven y no te ven, las tiendas, los restaurantes, me llenó de melancolía y de pronto me invadió un pensamiento: “Dios, no sé qué haría si por alguna razón mi ex novio tuviera novia y de pronto lo encontrara cara a cara caminando feliz con ella, de la mano, con sus lentes, su cabello siempre bien alineado, su ropa perfectamente bien planchada, sus zapatos impecables, su loción cara y su cálida caballerosidad.” Y yo… siendo yo, no La Fatshionista, siendo Priscila.

 

Tenis, leggings, un poncho gigantesco, top bun (como el de Britney Spears en los ensayos de baile, hecho mierda), la cara lavada, con restos de la máscara de pestañas de ayer y cargando una mochila pesada que encorvaba mi postura con: laptop, cuaderno, cables y una nostalgia aniquiladora de mi relación pasada. Sentí pena por mi. No encontraba el auto, di tres vueltas, pagué el estacionamiento dos veces y tenía una desesperación por salir, como si se me hubieran quedado los frijoles en la lumbre. 

 

Tras cinco largos años de relación, cuando rompimos decidí que iba a superarlo haciendo terapia ocupacional. El tiempo lo cura todo, me dije, mientras el tiempo pasa me pondré a trabajar y la tristeza se irá sola. Así que me emborraché una noche con mi mejor amiga, Gustavo Cerati, Kings of Convenience y Shakira. Lloré hasta que se me secaron los ojos. El lunes siguiente abrí mi lap top y me puse a trabajar. 

 

Durante un largo periodo funcionó esa táctica, con sus respectivas fallas repentinas: de pronto en un cajón encontrar una carta vieja, en la plática hacer alusión a un "nosotros creemos que"...  "oh, ya no hay nosotros” reparaba; en el shuffle de la música de mi celular los primeros acordes de “Mis impulsos sobre ti” de Aleks Syntek o cualquier otra canción que me haya dedicado y me hacía romper en llanto. El es un gran baterista nato, así que la música siempre fue una referencia importante, se volvió parte de nuestro lenguaje.

 

Hace dos años y medio que terminamos. ¡Ya sé! ¡Qué traumada sueno! ¡Déjalo ir, ya se acabó Priscila! Y lo sé, lo sé perfectamente. No es novedad para ustedes que uso algunas aplicaciones para conocer gente y he tenido varios dates, aunque ninguno ha llegado siquiera a rozar la puerta de relación de noviazgo. Mientras yo era la extrovertida, mi ex siempre fue menos sociable que yo, el era el observador reservado. Así que cuando cortamos uno de mis primeros pensamientos fue: “¡Ya se arrepentirá cuando me vea con alguien más! Por qué obviamente tengo pretendientes y seguro conseguiré novio pronto ¡Se arrepentirá! Pero será tarde y tendrá que superarlo.” 

 

¡Ohh pequeña y dulce Priscila! Cual fue mi sorpresa que en un mensaje, en una conversación minúscula con una persona que lo conoce, me confirmó lo que mis temores y sospechas, mis corazonadas aparentemente sin sentido, mi nostalgia constante y atroces pesadillas tanto me gritaban, por supuesto que el ya tiene novia. Y mi reacción fue… ouch.

 

Cuando era niña me sorprendía escuchar en canciones, series y películas acerca del dolor por amor y el corazón roto, pensaba que sólo era una idea exagerada. Pero no, claro que no. Fisicamente al leer ese mensaje, pude sentir literalmente punzadas en el corazón, una tras otra, mis sueños se materializaron y de esta devastadora noticia no hay forma de despertar.

 

He estado los últimos dos días viviendo la depresión y el dolor que debí permitirme sentir por un tiempo razonable la vez que terminamos. Los fantasmas regresaron: la confusión, la inmensa tristeza, los momentos en los que reímos, las reuniones familiares, las tardes con inigualables pláticas, las canciones que disfrutábamos, los besos, los abrazos, su maldita loción, mi maldita culpa; la emoción del inicio, la desesperación del final. Todo en un sólo golpe, como un mal trago, como un olor a caño, como un susto que te toma por sorpresa.

 

Y en medio de este huracán de emociones y recuerdos, de música feliz y miserable, trato de encontrar momentos de lucidez que me permitan salir a respirar y tener contacto con la realidad: voy a salir adelante, lo voy a superar, encontraré a alguien que me ame, ya llegará el bueno, estoy feliz por el, tengo trabajo… ¡No puede ser! ¡Es el tercer aniversario del blog! ¡Carajo, lo olvidé!

 

Pero no tengo ánimos de festejar, ni de hacer nada. 

 

Le escribí, si le escribí. Por que ya no soy una adolescente inmadura como cuando él me conoció hace 10 años. Sedienta de experiencias y de amor, amor de todo, amor de una pareja, amor por la vida, amor propio. He caminado mucho, he tropezado mucho, me he levantado, me he sacudido y sentí que podía resumir en un mensaje lo que necesitaba decirle… ¡No! No lo que necesitaba decirle, lo que necesitaba que él supiera. 

 

Lo que necesitaba decirle era que lo siento mucho, siento muchísimo que no hayamos coincidido en el tiempo en el que yo ya era una mujer madura, que ya no era una niña berrinchuda, que quiere todo a su manera; hubiera sido increíble, hubiéramos sido el uno para el otro. Que respeto su decisión, que lo amo, aunque ya no de la misma forma, pero que le agradezco todo el tiempo que estuvo en mi vida por que eso es lo que me tiene hoy escribiéndole, con lágrimas, pero con muchos aprendizajes. Que de alma a alma, le agradezco que haya compartido cinco años conmigo, llenos de todo lo que él es y que siempre lo recordaré como el hombre que amó y enamoró a la mejor y peor versión de mi misma, con paciencia, con calma y con mucha devoción. Dios sabe que esa tarea merece una estatua en el Zócalo de la Ciudad. 

 

Lo que necesitaba que él supiera se lo dije y terminó con un “Gracias siempre. Priscila.”. Decidí que era necesario obligarme a no llamarlo jamás y respetar su nueva relación. Afortunadamente nunca me aprendí su nuevo número, borré su conversación, su contacto y lo bloqueé de todas las redes que se me ocurrieron, hasta de las de La Fatshionista, pues seguía todas las stories de Instagram. Pero si saber de él ya está fuera de lugar, saber que él sabe de mi, es aun peor. Tenía que irse, su misión se ha completado.

 

Así es como me encuentro actualmente, agradecida por lo que fue, aporreada por cómo fue. Y sin más, espero que el tiempo haga lo suyo, pero ahora sin voltear a otro lado para distraer la tristeza, esta vez voy a tomarla, mirarla, llorarla, gritarla si es necesario y espero, de todo corazón espero, que pronto pueda regresar al año 2018, les haré saber cuando esto ocurra por que definitivamente, las cosas van a cambiar.

 

Muchas gracias por estar aquí, por leerme.

 

Les mando un gran abrazo.

 

Priscila.

 

 

 

 

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