El Juicio

February 14, 2017

Antes de que empieces a leer esto, déjame decirte que viene desde lo más profundo de mi corazón. Como cada vez que escribo, ésta no será una excepción. Este año ha venido a dejarme muchas lecciones sobre lo flexible que es la amistad.

 

Cuando una persona fallece, entramos en el conocido proceso de duelo, donde pasamos de la negación a la aceptación por varias reacciones comunes al enfrentarnos con el hecho de que hemos perdido a alguien. Pero qué pasa con las personas que están vivas y que por alguna razón ya no están más en nuestro camino. ¿Es mejor o peor?

 

He perdido recientemente a una persona que adoraba con el alma y que por distintas razones ha bajado del tren de mi vida. Y como si nada, como si todos los recuerdos, la historia, el cariño, las palabras, las vivencias, todo se fuera y nada pasó. El golpe de recordar a una persona que no está, por que está siguiendo su vida sin ti. Es una patada en el alma. No se si me puedan entender. Por ejemplo cuando rompes con un novio, cuando tienes que dejar atrás todo lo que los unió y pasa su canción favorita. Cuando dejas de hablarle a tu mejor amigo y pasas por el lugar donde se veían cada vez, donde comenzó todo y ¿Cómo ignorar algo tan fuerte? ¿Cómo alguien es tan capaz de seguir con tal frialdad? ¡Que pase la receta!

 

Hay que darle tiempo al tiempo, se dice fácil. Por que depende de nuestro grado de egocentrismo. El tiempo lo cura todo si aprendes a encararte con tus errores y aceptar la lección, aprender de raíz, que tu trabajo de alumno de la vida no concluye hasta que te quede claro y la vida te quita, te quita y te quita, para ayudarte, te quita aunque te duela, te quita hasta que te arda y te carcoma. Tú decides que tanto te quieres voltear al otro lado, al de gritar: ¡Es su culpa! Ese es el camino fácil, no te señalaré, es lo primero que yo hago. Pero real, me ha ardido tanto aprender mi lección, que más me vale ir reaccionando o el siguiente golpe me va a dejar sin una extremidad.

 

He entendido que quien me obliga a buscar culpables soy yo misma abrazada de mis miedos, impulsada por mi ego y aunque me duele con el corazón aceptarlo, mi tan mal formado juicio. Mis creencias, mis experiencias, mi educación y mi personalidad, le dan fondo y forma a mi juicio. Él me permite pararme frente a ti y sentir que lo se todo. Y es tan delicado que con una opinión, un detalle absurdo o un mal día, cambia de extremo a extremo. Y creo que la mejor forma de liberarme del juicio es hacer conciencia de el y ser empática. Pero no hablo de la falsa empatía que nos cambia de perspectiva cargando las mismas ideas, hablo de la empatía real, mucho más si se trata de ponernos en los zapatos de una persona que conocemos y que amamos. La real es quitar tus juicios, enteramente, olvidarte de tu opinión, si te hirió, si no te pareció, si te molestó, no importa. Ponte en sus zapatos desde él, desde sus características, sus ideas, sus experiencias, su educación y verás como todo tiene sentido. En el momento en el que somos capaces de hacerlo, crecemos a gigantes y no sufriremos menos, pero entenderemos y será más fácil perdonar u olvidar.

 

Tampoco es plan caer en el auto odio, que también es bien cómodo. Aquí lo importante es entender la lección y ser agradecidos con quien ya no está. Sean las circunstancias que sean, los malentendidos, las buenas intenciones, los malos modos ¡Lo que sea! Sus juicios hablaron con los tuyos y ninguno ganó. Es normal, es humano y es momento de dejar ir.

 

Creo que todos somos víctimas de las circunstancias. Y lo único que nos compete es lo que pensamos y decimos, los efectos de las decisiones que tomamos y las que no.

 

Con toda la humildad quiero compartirles este cambio que viene desde adentro, donde ya no quiero juzgar a nadie, no quiero guardar rencor en mi corazón y el comienzo está desde no juzgarme a mi misma, abrazar la dualidad que existe en mi, lo bueno que es con lo que me gusta vivir y lo malo que me permite aprender a ser una mejor persona. Quise ilustrar la dualidad que existe dentro mío, con estas maravillosas fotos de Alberth Hernandez que proyectar a una Priscila fuerte, intensa, franca y orgullosa y una Priscila transparente, tierna, natural y soñadora. Características que me componen, que me han causado problemas terribles y experiencias maravillosas. Les agradezco a las dos por estar aquí y ayudarme a vivir en equilibrio. También acojo a la dualidad de las personas que me rodean. No los juzgo, sus características los ayudarán a encontrar su camino y cumplir su misión, sea cual sea.

 

 

Quiero finalizar invitándolas a reflexionar sobre esto. A dejar de pensar que es aquel el que quiere dañarme por envidia, coraje o lo que sea que crean ustedes y mejor unirse a razonar la lección que tiene esa persona por enseñarles, tal vez sea la compasión, la paciencia, la tolerancia, el amor a la vida. ¡Que se yo! Para que podamos disfrutar de más 14 de Febrero rodeadas de amigos y mucho amor.

 

 

Gracias a los amigos que han dejado mi vida, me han dado mucho más de lo que pensaba y que hoy al irse abren espacio a nuevas experiencias y aprendizajes. 

 

 

Gracias infinitas.

 

Priscila.

 

 

 

 

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