El Juramento

May 7, 2018

Como saben, hace tres semanas una catarsis importante golpeó mi vida y a partir de ahí, como efecto dominó, una cosa llevó a otra y luego a la más importante: ¿Qué carajo está pasando conmigo?

 

Tomé la decisión de hacer muchos cambios partiendo de las siguientes interrogantes: Quién soy y a dónde voy.

 

Durante muchos años pensé que el “quién soy” tenía la respuesta más obvia. Soy una mujer, mexicana, trabajadora, creativa, desordenada, simpática y pasada de peso. El “a dónde voy”, bueno, eso es más complejo: quiero muchas cosas de la vida. Quiero muchos negocios, mucha dicha, mucha satisfacción, quiero poder ayudar a mucha gente con la actividad que realice toda la vida, quiero dejar el mundo mejor de lo que lo encontré, quiero ser un orgullo para mi clan (mi familia y descendencia), marcar la diferencia, inspirar, llenarme de retos y cumplirlos para poder ser un mejor ser humano, exprimir la vida al máximo en cada día.

 

Pensaba que siempre puedes cambiar a dónde vas, pero nunca quién eres. La idea de reinventarme me sonaba imposible o por lo menos bastante difícil de lograr. Como si ser lo que queremos y amar lo que hacemos, fuera algo con lo que se nace y no algo que se puede decidir. 

 

La catarsis me ayudó a entender que a veces tocar fondo es crucial para tomar mejores decisiones, pero  también me hizo consciente de que siempre esperamos a que el afuera nos golpeé a la puerta para exigir que nos movamos de donde estamos, olvidamos por completo que la única razón para cambiar y darle un rotundo giro a nuestra vida es la simple capacidad que tenemos para amanecer un día y decir ¡Ya basta! Hoy ya no.

 

¿Para qué esperar a tener enfisema pulmonar si puedo dejar de fumar hoy? 

¿Para qué esperar a ser pre diabética si puedo empezar a resolver mi relación con la comida hoy?

¿Para qué esperar a tener un síntoma extraño si puedo hacerme un chequeo con mi doctor hoy y estar tranquila?

¿Para qué esperar a cambiarme de casa si puedo apreciar lo que tengo ahora y cuidarlo?

¿Para qué esperar a que el otro ser humano me llame, si puedo hacerlo yo y salimos de dudas?

¿Para qué esperar a que una persona que no me hace feliz me termine, si puedo tener un nuevo comienzo hoy?

 

La mayoría de las personas esperamos a que suceda algo para empezar a vivir. En mi caso, ese algo soy yo. ¿Para qué esperar a mañana? Mejor hoy, por mi.

 

Así que hoy que es mi cumpleaños número 29, estoy haciendo algo que nunca había hecho: Me levanté, fui a hacer espacio en mi escritorio y me hice un juramento, que no sólo me incluye a mi ahora, si no a todas las Priscila, que durante años se sintieron tan insuficientes, miserables, orgullosas, acompañadas, solas, inmaduras, absurdas o avergonzadas, de 5, de 7, de 15, de 1, de 19 o de 28 años.

 

 

“Priscila, yo te juro que hoy voy a hacer que te sientas orgullosa. Voy a mostrarme al mundo como soy, voy a amar desde lo más profundo, voy a compartir sin pedir nada a cambio, voy a actuar sin esperar una catarsis, voy a honrar a todo tu clan, voy a superar los retos que jamás imaginaste, voy a crear desde hoy a la mujer que trascenderá. Te juro, que tomaré todas las decisiones partiendo de la profunda admiración y el inmenso amor que siento por ti. Si fallo, sábelo muy bien, será por ignorancia, no por alevosía y siempre estaré dispuesta a perdonarme para poder empezar de nuevo. Te mereces un espacio ordenado para que puedas descansar, valorar tus cosas, amar tu cuerpo, tu piel, preservar tu salud, mereces relaciones que te aporten aprendizajes y vivencias maravillosas, mereces ser feliz. Hoy es el primer día del resto de tu vida y salgo al mundo a darte lo mejor.”

 

Con este juramento, empiezo el primer día del último año de los veintes. Lo pondré frente al espejo para poderlo leer todos los días al despertar y no olvidarme de jurar siempre vivir feliz por mi.

 

Espero que mi proceso conecte con el de alguna de ustedes, recuerden que todos somos humanos y no podemos controlar las circunstancias de vida que nos tocaron, pero si nos define lo que hagamos con ellas.

 

¡Un año más para llegar al tercer piso! ¡Wuuuuu!

 

Gracias por leerme.

 

Les manda un abrazo.

 

Priscila,

La Fatshionista

 

 

 

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