¡Odio la maldita dieta!

July 26, 2017

¡Odio estar a dieta!

 

La dieta no es para mi. 

 

¡No puedo carajo! ¡Que no puedo!

 

 

 

Mis horarios son un desmadre. ¿Saben cómo son mis llamados de trabajo? Cargo una maleta para las cosas del cabello, una maleta para las cosas de maquillaje. Una mochila con la laptop, las pilas portátiles para el teléfono, un paraguas, los cables de todo, cartera y demás. Pesa demasiado y tengo que cargarlo. Usualmente no estoy en un sólo lugar, hay días en los que si no tengo fotos o filmación en un estudio me tengo que mover constantemente y cargar, cargar como burro todo el tiempo. Puedo empezar a las 6 de la mañana, a las 7 o a las 8 y dependiendo de eso, la distancia y el tráfico, la anticipación con la que tengo que salir de casa. Sin mencionar que el regreso puede ser hasta las 9, 10 u 11 de la noche, muchas veces sin comer y lo único que quiero es una cama para dormir. ¿Les digo algo? Estoy cansada. Cansada es poco, estoy hasta la madre.

 

Encima me llamaron de Plusvida para empezar un tratamiento para bajar de peso. Lo tomé en cuenta porque desde hace un par de semanas me duelen un poco las piernas y he notado algunas “arañitas” de várices, dije… oh fuck. También hace poco tuve un llamado en un edificio en el que no había elevador (lo mencioné en mis historias de Instagram) y había que subir 8 pisos caminando, ni les platico que en el tercer piso estaba yo ¡que lloraba! Sentí que el corazón se me salía. Así que decidí escuchar a los de Plusvida y me pareció bueno hacer algo por ese dolor y por mi salud. YOLO, pensé, qué tan difícil puede ser, ya he hecho dietas antes, en teoría con ejercicio bajo rápido de peso y no me interesa ser delgada, sólo tener un sobre peso que no represente un alto riesgo para mi salud.

 

Fui a su consultorio, muy lindo y me recibieron dos personas. La primera era la psicóloga, me explicó cómo funciona este tratamiento, que aborda el tema de la comida de forma distinta, como una adicción (Desde ahí pensé: A huevo, ésta la tengo más que ganada, al fin que ni como, esto será fácil). Me explicó que hay dos reuniones virtuales al día (Yo pa’ mis adentros: ¿Como alcohólicos anónimos? Mmm… bueno), donde puedo o no conectarme pero que una de ellas se graba y se sube al podcast para que la pudiera escuchar después (Pensé: Mehhh, ni tiempo tengo).  

 

Después pasé con la nutrióloga y su báscula super moderna que mide cuanta grasa y cuanto músculo tienes. Ya me imaginaba cuál era mi peso, así que el resultado no me impactó, pero me hizo consciente del alto riesgo que es tener todas estas medidas y porcentajes. La nutrióloga me dejó claro que no iba a “descubrir el hilo negro” de las dietas, lo importante es cuidar mis porciones y comer cada cuatro horas lo indicado (Ahí pensé: Wooops, ya valió chavas, aquí es donde pido disculpas y me retiro de las instalaciones. ¡Pero ni modo, ya estoy aquí!). Asentí a todo, me dio mi hojita con lo que necesitaba saber: cumplir 10,000 pasos o 40 minutos de ejercicio al día, tengo que pesarme diario (Si, también se me hizo raro) y tomar muchos líquidos. Con todas las ganas del mundo salí de ahí.

 

Al día siguiente fui a comprarme una báscula, verduras, frutas, gelatina light, blah, blah, blah. Hasta les conté sobre ello en mis historias de Instragram. Ya tenía todo para empezar con el pie derecho y ser épica como Gabilú (FatGab) que lleva como 18 kilos bajados en un mes y medio. ¿Qué tan difícil podía ser?


¡Ja, ja, ja Priscila, ja, ja! ¡Tonta!

 

Ya les platiqué sobre mi rutina menos rutinaria del mundo. Ahora, incorporar comer cuatro veces al día y beber cuatro litros de líquidos, se dice fácil. He bajado gramos y sigo sin comer, NO se puede, fin. 

 

Así que escribí en el grupo de Plusvida: “Chavos, no puedo, está cabrón, tengo un desmadre de horarios, a veces no como, me duele la cabeza, no he hecho un carajo de ejercicio, lo siento”. Como era temprano, la nutrióloga me invitó a una de las sesiones virtuales (si, de esas tipo AA) para que platicara el tema a fondo. Acepté y me conecté a los pocos minutos de empezada. Escuché cómo iba el día y el fin de semana de todos, hasta que tocó mi turno. La nutrióloga -Pris ¿Cómo estás? Preséntate y platícanos de tu día. A grandes rasgos platiqué lo que me estaba pasando y la complejidad de mi problema, a lo que la psicóloga respondió, -Bueno y por qué no cargas una mochila con tu comida y tu agua a todos lados, bienvenida a la comunidad del tupper. Respondí - ¡Claro! Sí, creo que optaré por eso. Se acabó mi turno y salí de la sesión. 

 

Aventé el teléfono y random, empecé a llorar furiosa. Pensaba, ¡claro! Tu no cargas lo que yo cargo y súmale una mochila más de 6 kilos. Carajo, me caga estar a dieta. ¡LO ODIO! ¡ODIO COMER SÓLO LO QUE ME DICEN! ¡ODIO TENER QUE PONERME ALARMAS PARA COMER, QUÉ PÉRDIDA DE TIEMPO CARAJO! ¡TENGO MIL COSAS MÁS IMPORTANTES QUE HACER! ¡ODIO COMER FEO! ¡LO ODIO! ¡LO ODIO! ¡LO ODIO!

 

Llevo ni una semana y me di cuenta que este sistema no es para mi, así que me rindo. Lo que implicaría sería cargar tuppers y botellas de agua, además de lo que ya cargo. ¡Qué hueva! Después de las jornadas tan, pero tan pesadas de trabajo, tengo que: llegar a mi casa, lavar mis tuppers, cocinarme lo del día siguiente, ponerlo en tuppers, llenar mis botellas de agua, ponerlo en una maldita mochila y al día siguiente cargarla todo… TODO el pinche día. ¡No hay forma! ¡Ni modo! Me disculpo con los de plusvida y se acabó. ¡No voy a sufrir más!

 

Casi inmediatamente me respondí a mi misma - ¿Y luego wey? ¿Qué vas a hacer con el dolor de piernas? ¿Y las várices? ¿Y que vas a hacer cuando no haya elevador? ¿Y qué te vas a contestar si tienes otro padecimiento en diez años? ¿Y en quince? ¿Y en veinte? ¿Y en cuarenta?

 

-¿Y todo por qué? ¿Por no cargar una mochila llena de comida? ¿Por no obligarte a hacer una rutina y caminar o ir a hacer una hora de ejercicio? ¡Pues carga la maldita mochila y ya! ¡Llevas cuántos años cargando más kilos por tu sobrepeso y ahora obesidad!-

 

Chicas, nunca y cuando digo nunca es NUNCA, me había costado tanto trabajo hacer dieta, entrar en un tratamiento de alimentación y ejercicio, ni cuando hacía crossfit. Porque ahora no tengo una rutina, no puedo predecir mis horarios, mis clientes, mi carga de trabajo. Pero maldita sea, tengo que. Por amor a mi misma, tengo que. Es una responsabilidad que tengo que agarrar y salir de mi zona de confort. Es un compromiso que me debo a mi misma por tantos años de valemadrismo, donde todo es primero menos comer y comer bien, comer sano. 

 

Tomé la computadora y empecé a escribir lo primero que me salió “¡Odio estar a dieta!”, porque es la verdad. ¿Pero saben algo? ¡Amo estar a dieta! Amo haber empezado el tratamiento en un rotundo YOLO, por que si no, no hago consciente todo esto que me está pasando: Me estoy dejando a mi en el último lugar, no soy mi prioridad. No hay médico, ni seguro, ni pastilla que mejore esta terrible realidad, no terrible ¡de mierda! Si no me encargo de solucionarla yo misma aquí y ahora. 

 

Les externo esto, porque quiero que sepan que soy humana. Que si empiezan a ver publicaciones donde menciono a Plusvida, no crean que las quiero meter a dieta o que lo hago por vendida. Las cosas pasan por algo y si se me presenta esta oportunidad de iniciar un tratamiento que ayude a mejorar mi calidad de vida y que me obligue a agarrar las riendas de mi salud, la voy a tomar. 

 

Quisiera empezar esta nueva sección que se llama #NoPromuevoLaObesidad con mi propia experiencia. Aun no defino el reto específico que cumpliré cuando baje los kilos meta, pero espero que la próxima vez que escriba lo tenga muy claro y se las compartiré. Y quién sabe, si alguna de ustedes se anima, hasta podríamos hacer esto juntas.

 

También espero sus comentarios como siempre y por favor compartan este artículo si ustedes también odian estar a dieta. 

 

Les manda un abrazo,

 

La Fatshionista.

 

 

 

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